¿Por qué los niños tiene miedo a la oscuridad?

La oscuridad ha sido, desde tiempos remotos, una de las fuentes más universales de miedo en la infancia. Aunque en muchos casos se considera una etapa transitoria del desarrollo, este temor tiene raíces profundas tanto en la biología humana como en la cultura.

El miedo a la oscuridad suele aparecer entre los dos y los seis años de edad, una etapa en la que la imaginación del niño se vuelve especialmente activa, pero su capacidad para distinguir entre fantasía y realidad aún está en desarrollo.

Lo que provoca ansiedad no es la oscuridad en sí, sino lo que podría esconderse en ella. Al eliminar los estímulos visuales, el entorno se vuelve incierto, y la mente, en su esfuerzo por llenar ese vacío, puede imaginar figuras, sonidos o presencias amenazantes.

Desde una perspectiva evolutiva, este miedo tiene sentido: en los orígenes de la humanidad, la oscuridad representaba un riesgo real. Al caer la noche, aumentaba la vulnerabilidad ante depredadores y peligros del entorno. Por eso, se cree que el cerebro humano desarrolló una respuesta de alerta ante la falta de luz. Aunque hoy ese peligro físico ya no existe en la mayoría de los contextos, el instinto permanece.

el miedo a la oscuridad como una manifestación de ansiedad por separación, asociada al alejamiento de la figura materna. Según Freud, la oscuridad simboliza la pérdida de ese vínculo protector, y el niño proyecta en ella los miedos internos que aún no puede comprender ni controlar.

Sigmund Freud

Otros enfoques posteriores, como los de Donald Winnicott, han señalado también la importancia del entorno emocional del niño: un apego seguro y una rutina estable pueden reducir significativamente la intensidad y duración de estos temores.

Psicológicamente, el miedo a la oscuridad también cumple una función adaptativa. Permite al niño ensayar emociones complejas, enfrentar situaciones imaginarias de peligro y comenzar a desarrollar estrategias de afrontamiento. El juego simbólico, los cuentos de monstruos y los rituales antes de dormir no son solo entretenimientos: son herramientas con las que el niño organiza su mundo interior.

Para los adultos, es importante comprender que este miedo no debe minimizarse ni ridiculizarse. Frases como «no pasa nada» o «no seas exagerado» pueden invalidar lo que para el niño es una experiencia intensa y real. Validar el miedo, ofrecer seguridad, mantener rutinas consistentes y proporcionar elementos de transición como una luz tenue o un objeto de apego son formas efectivas de acompañar sin sobreproteger.

Con el paso del tiempo, la mayoría de los niños supera este temor. A medida que crecen, desarrollan un pensamiento más racional, aprenden a confiar en su entorno y descubren que la oscuridad no necesariamente implica peligro.

El miedo a la oscuridad, lejos de ser un simple obstáculo, puede entenderse como un primer acercamiento a los desafíos emocionales de la vida.

Aprender a convivir con lo desconocido, tolerar la incertidumbre y regular la propia ansiedad son capacidades que comienzan a construirse en la infancia, muchas veces, con la simple experiencia de apagar la luz.


Bibliografía: 

  • Freud, S. (1905). Tres ensayos sobre teoría sexual. Obras completas.
  • Winnicott, D. W. (1971). Realidad y juego. Barcelona: Gedisa.
  • Piaget, J. (1952). The Origins of Intelligence in Children. International Universities Press. 
  • Scharfstein, B-A. (1988). The Fear of the Unknown: Exploring the Complexities of Anxiety. New York University Press.